Dominicana de Aviacion

Dominicana de Aviacion

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Dominicana inició sus operaciones el 4 de mayo del año 1944, durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina. Desarrollaba en principio solo vuelos domésticos a Santiago, Barahona, Puerto Plata, San Juan de la Maguana, La Romana y Montecristi. Su primer presidente fue el señor Charles McLaughin, suegro de Héctor Bienvenido Trujillo, hermano de Rafael Trujillo. La compañía inició sus vuelos internacionales en 1951, debido a la necesidad de tener una aerolínea nacional que cubriera esas rutas debido al gran número de ciudadanos dominicanos que ya comenzaban a emigrar a ciudades como Nueva York, San Juan, Miami y Madrid. Las primeras naves incorporadas al servicio fueron DC-3, DC-4 y DC-6.

Para Dominicana, la década de 1950s vio el inicio de vuelos internacionales y la expansión de sus vuelos domésticos. La aerolínea empezó a volar frecuentemente entre Santo Domingo y otras ciudades dominicanas como Puerto Plata, Barahona y Santiago de los Caballeros. A la flota se le añadieron también aeronaves Curtiss C-46 Commando. Con la llegada de los años 1960s, también llegaron los jets para Dominicana. La aerolínea adquirió aviones DC-8 para sus vuelos más largos como al Aeropuerto JFK en Nueva York. También se adquirieron aviones DC-9 y Boeing 727 durante ese período. Los 727 fueron comprados nuevos a la fabricante, Boeing. Así mismo, se adquirieron dos aviones Carvair ATL-98 para operaciones de carga.

La aerolínea continuó su crecimiento en los 1970s con la introducción de más aeronaves B727 y Boeing 707. Ese crecimiento se mantuvo durante los primeros años de la década de 1980s, aumentando sus viajes a San Juan (Puerto Rico), manteniendo sus vuelos a Nueva York y Miami; y expandiendo sus destinos internacionales a ciudades como Caracas, Bogotá, Quito, Madrid, Frankfurt, Milán, Curazao, Toronto y Aruba. A mediados de la década de los 80’s, la aerolínea incorporó a su flota un Boeing 747 para las distancias transcontinentales y de más demanda.

Al momento de su clausura, el diseño de los aviones de Dominicana consistía en un fuselaje plateado metálico (aunque algunos aviones tenían el fuselaje blanco) con dos líneas, una roja y otra azul que se extendían a lo largo, representando los colores de la bandera dominicana y que se remontaban hasta la cola. El logotipo de la cola estaba formado por cuatro bloques, dos azules y dos rojos, con una distribución similar a los bloques de la Bandera dominicana. El nombre DOMINICANA aparecía escrito en letras mayúsculas de color negro en la parte superior de las ventanas de los pasajeros, cerca de la cabina.

Crisis y cierre de operaciones

A partir de la segunda mitad de la década de los años 80’s, la situación económica de la aerolínea empezó a agravarse debido a la mala gestión de sus ejecutivos (que incluye rumores de supuesta repartición de cientos de boletos gratis a su voluntad, entre otras alegadas irregularidades) y a los altos costos de mantenimiento de la flota que había adquirido. La aerolínea se hizo incosteable, y para paliar la situación empezó a reducir su flota vendiendo sus aviones y restando rutas a su itinerario. Un ejemplo es el 747 que había sido adquirido en 1985 y tuvo que ser vendido a finales de 1987.

A inicios de la década de 1990s la situación era ya crítica, quedándose solo con las rutas principales a los Estados Unidos: Nueva York, Miami y San Juan. Las rutas de Europa a Madrid, Frankfurt y Milán fueron arrendadas a aerolíneas chárter. En esos años, la compañía ya no fue capaz de dar servicio a sus B727s y B707s los cuales fueron vendidos. La República Dominicana perdió la Categoría I de la FAA por lo cual aeronaves de matrícula dominicana (HI-) no podían viajar a territorio estadounidense.

Como forma de contrarrestar este inconveniente, y bajo el alegato de reducir costos, Dominicana recurrió al arrendamiento de aviones (incluyendo su tripulación) tipo B-727 y tres Airbus A300, estos últimos solo pudieron ser mantenidos en la empresa por cuatro meses, y debido a la baja capacidad de los 727 y la alta demanda de las rutas Nueva York y Miami, los retrasos se hicieron constantes y la pérdida de equipaje se convirtió en algo habitual, lo que ocasionó que los aviones volaran en ocasiones únicamente para transportar las maletas extraviadas. Este desprestigio y mala publicidad se expandió entre los pasajeros y el público en general, sumándose a la crisis económica de la empresa y contribuyó a su descalabro.

1994 fue el año que fulminó a la empresa. Debido a la devolución de los A300 y la falta de abasto para sus principales rutas, en un último esfuerzo Dominicana recurrió al arrendamiento de Boeing 737 y Boeing 757 (también con tripulación incluida debido a la pérdida de la Categoría I) de la aerolínea mexicana TAESA. Estos arrendamientos solo pudieron ser sostenidos por cinco meses. En Navidad de 1994, la temporada alta de viajes, el Gobierno Dominicano prometió otro A300 para la sobrepoblada ruta Nueva York-Santo Domingo. Apoyándose en esta promesa, la aerolínea llegó a reservar 290 asientos por día durante todo el mes de diciembre, adicionales a los reservados para los B727. Llegado diciembre, el A300 nunca llegó y sobrevino el caos entre los pasajeros en el Aeropuerto Las Américas de Santo Domingo y en el JFK de Nueva York. La aerolínea tuvo que hacer un arrendamiento de emergencia de un L1011 alrededor de cinco veces ese mes para el transporte de los pasajeros que no pudieron cambiar a otra aerolínea. Las maletas perdidas y los retrasos estaban por doquier y cualquier esperanza de reinvertir en la compañía despareció.

Debido a estos hechos, sumados a la crisis financiera y el mal manejo de sus directores, a principios de 1995 el Gobierno Dominicano decidió cerrar Dominicana de Aviación. Originalmente el cierre se planeó como una medida temporal durante unos meses para su supuesta reestructuración. Pero los meses se convirtieron en años y la aerolínea siguió inactiva hasta 1999, año en que formalmente se disolvió. La mayoría de los activos de la empresa han sido liquidados o cedidos a otras entidades del Gobierno Dominicano y mantiene aun deudas pendientes con acreedores extranjeros así como con ex empleados.

Fue otra de las tantas aerolíneas que desaparecieron durante la primera mitad de los años 90. A pesar de su mala reputación en sus últimos años basada en los retrasos y pérdida de equipaje frecuentes, a través de los años la compañía se convirtió en un símbolo nacional, sigue siendo recordada con nostalgia y muchos ciudadanos dominicanos desean nueva vez su puesta en marcha movidos por el sentimiento de volar en una línea bandera nacional. Hoy en día, operan en República Dominicana aerolíneas internacionales y pequeñas compañías regionales dominicanas de capital privado. A la actualidad no existen planes del Gobierno ni de inversionistas privados para retomar una línea aérea bandera del tamaño que exhibió Dominicana en sus mejores años y los intentos se han quedado en papel.