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El talón de Aquiles de Puerto Rico: la energía eléctrica

María agarró a la AEE en su peor momento histórico: con décadas de falta de mantenimiento, sin flujo de efectivo, con menos de la mitad de sus usuales 3,500 empleados técnicos en nómina, y con el pleito judicial de los bonistas encima. Ramos sabía que iba a necesitar ayuda para restaurar el servicio eléctrico, por lo que antes de la llegada de María, solicitó propuestas de emergencia.

Dos contratistas respondieron, pero uno -que Ramos no quiso identificar- requirió un depósito de $25 millones como garantía de pago. El otro, una pequeña e inexperta compañía Winsconsin, Whitefish Energy Holdings, no puso esa traba. Ramos dijo que por eso contrató a Whitefish para lo que sería la monumental tarea de restaurar la energía eléctrica en Puerto Rico después de María.

La AEE no pidió ayuda la Asociación Americana de Electricidad Pública (APPA por sus siglas en inglés), una reconocida entidad de mutua ayuda a los estados en infraestructura eléctrica, a pesar de que otras compañías eléctricas hubiesen estado dispuestas a venir a ayudar porque hubiese tenido que negociar acuerdos financieros con ellas. La Autoridad de Energía Eléctrica de Nueva York mandó sus brigadas en base a una petición de ayuda directa al estado.

“La Autoridad no tiene la liquidez para correr con todos los gastos”, dijo Ramos. “Tengo que pagarlos para después pedir reembolso. Es un problema de flujo de caja”, agregó.

Whitefish a su vez ha subcontratado a otras entidades locales y estadounidenses para la tarea. Entre ellas, JEA de Jacksonville, y la Autoridad de Energía de Kissimmee

Ramos también le dio luz verde a 32 de sus contratistas para uso de Whitefish, y tiene un equipo propio disponible para ayudar a la empresa si se lo pide. 

Cuando Irma azotó a Florida, dejó al 60% de sus 6.7 millones de abonados sin electricidad, pero a los 10 días ya el 98% tenían el servicio de vuelta. En Puerto Rico, 30 días después, todavía el 82% de los puertorriqueños estaban si este servicio esencial.

El deteriorado y anticuado estado de la infraestructura eléctrica de Puerto Rico es harto conocido así como las caídas que ocurren en el sistema cuando huracanes pasan por la isla. Cuando Irma peinó el noreste de Puerto Rico, dos semanas antes de la llegada de María, el 70% de los abonados perdieron el servicio, y en 15 días el 97% lo había recuperado.

Sin embargo, la furia de María devastó el deteriorado sistema, entero. Ramos dijo que los equipos más recientes de la AEE son de la década de los setentas, y que buena parte de ellos son de los sesentas y de los cincuentas. La vida útil de estos equipos se supone que sea 30 años. Además, desde el 2014 la corporación pública ha perdido 2,100 de sus empleados técnicos que han renunciado aceptando mejores oportunidades de empleo ante las medidas de austeridad implementadas por gobierno. El éxodo los dejó con solo 1,393 empleados de brigada para atender la monumental emergencia.

Ante este cuadro y la anticipada devastación de María, la AEE reclutó además a 60 contratistas locales, pero no tenían suficientes celadores y obreros de línea ni camiones, ni tenían recursos para mantener brigadas que viniesen del exterior a ayudar. El gobierno no tenía gasolina, comida ni alojamiento para brindarles.

La Guardia Nacional de Puerto Rico mandó sus soldados al auxilio pero, según indicó el General Rivera, la AEE no tenía suficientes postes disponibles. Ahora la agencia espera un embarque con los 60,000 postes que necesita para la reconstrucción, dijo Ramos.

Compleja la cadena de mando en la emergencia

Los planes de respuesta a emergencias de Estados Unidos y Puerto Rico ubican al gobernador del estado -en este caso, del territorio- como la persona a cargo y responsable de la totalidad de la respuesta en una especie de triunvirato con dos dos posiciones adicionales que se activan: un “oficial de coordinación estatal” y un “oficial de coordinación federal”. El primer puesto, oficialmente ocupado por el director ejecutivo de la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Desastres, Abner Gómez, pero de facto ocupado por el secretario Pesquera, es la persona a cargo de servir de comunicar todas las peticiones del gobernador Rosselló a FEMA. El segundo, inicialmente ocupado por De La Campa, y luego por Mike Byrne, quien lideró la recuperación en Texas después del huracán Harvey, es el encargado de canalizar las peticiones para aprobación final al administrador de FEMA, Long, y de luego distribuir los trabajos con todas las agencias federales y los cuerpos militares activadas para la emergencia.

Las peticiones mayores de fondos para la respuesta y reconstrucción tienen que ser hechas por el Presidente al Congreso y aprobadas por ese cuerpo.

En el caso de la milicia, el complejo entramado establece en papel que el funcionario a cargo es el Ayudante General de la Guardia Nacional, en este caso Rivera, quien responde directamente al Gobernador, dado que es un esfuerzo civil y no de guerra. Bajo su mando se activa la figura del Comandante de Estatus Dual (Dual Status Commander, en inglés) que vela por el desempeño de todas las ramas del Ejército, incluyendo a los soldados activos. Rivera responde directamente a Rosselló. Sin embargo, en la práctica, el asunto se vuelve confuso y académico, pues FEMA, y no el gobernador, es el que pide directamente al representante del Ejército designado lo que quiere. Por otra parte, es el Comando Norte, bajo el mando del Secretario de la Defensa de los Estados Unidos, quien emite oficialmente la orden militar de trabajo y quien tiene la autoridad de supervisar y fiscalizar los trabajos de los militares activos.

El esfuerzo militar estuvo inicialmente a cargo de la Marina y del Almirante Jeff Hughes, que estaba ya a cargo desde Irma porque el Comando Norte decidió que la respuesta al fenómeno en las islas, Puerto Rico e Islas Vírgenes, sería por mar ya que las fuerzas terrestres habían sido destacadas a la Florida.

Si Washington estaba o no consciente de la devastación total causada en Puerto Rico por María inmediatamente después del azote sigue siendo un misterio. Fuentes federales aseguraron que la Casa Blanca estaba directamente envuelta en la respuesta, pero Trump pasó ese fin de semana jugado golf en Nueva Jersey y tuiteando sobre la protesta de los jugadores de la Liga Nacional de Fútbol Americano, desviando la atención de la situación de gravedad que atravesaba la isla incomunicada.

No fue sino hasta el 25 de septiembre que Long y el asesor del Departamento de Seguridad Nacional, Tom Bossert, sonaron la alarma en Washington después de visitar y sobrevolar los estragos en Puerto Rico. Fue en ese momento que comenzaron a tener receptividad, en privado, a las críticas de líderes del territorio sobre la lentitud de la respuesta.

En público Rosselló predecía que si no se actuaba rápido Puerto Rico tendría “una crisis humanitaria” que llevaría a un éxodo masivo de puertorriqueños hacia los Estados Unidos. A un mes de María el gobernador sigue repitiendo la misma advertencia y se estima que ya, solo a la Florida, han llegado 60,000 puertorriqueños por la emergencia.

“María estuvo a una milla de ser un huracán categoría 5, pero es lo peor que ha azotado a Puerto Rico. Es muy complejo para nosotros responder desde el punto de vista logístico de la isla”, reconoció Long en una conferencia de prensa a su regreso a Washington.

A los siete días del paso de María, comenzaron los cambios en la cúpula de mando a cargo de la respuesta. Algunos calladamente otros con amplio despliegue mediático. El primero fue el 27 de septiembre cuando la jefa del Comando Norte, la Generala Lori Robinson, decidió poner al Ejército, en vez de a la Marina, a cargo del esfuerzo militar y nombró al teniente general tres estrellas Jeffrey Buchanan al mando de la respuesta. Buchanan se encontraba en California liderando la respuesta a la emergencia causada por los fuegos forestales llegó a Puerto Rico dos días después.

Diez días después de María, Gómez fue oficialmente reemplazado por Pesquera y desapareció del ojo público. Pesquera había sido nombrado de dedo desde el primer día Comandante de Incidentes a cargo de asegurar que las 131 agencias del gobierno local ejecutaran la política pública del Gobernador en torno a la respuesta. Con ambas posiciones Pesquera se convirtió en el hombre más poderoso del gobierno de Puerto Rico después de Rosselló.

Veinte días después, De La Campa fue relevado de su posición como FCO y reemplazado por Byrne. FEMA dijo que la sustitución respondía a “expansión” de su equipo de liderado en los trabajos de respuesta y liberó a De La Campa para que continúe en sus labores regulares como Director de FEMA para el Caribe a cargo de los asuntos locales de Puerto Rico e Islas Vírgenes. De La Campa dijo en entrevista que dicho cambio ya estaba planificado desde el principio del evento, que la agencia federal le había pedido que ocupara el puesto temporalmente.

Los puertorriqueños frustrados con el poco avance en la compleja situación que se vive, y algunos críticos de FEMA dentro de la administración Rosselló, vieron el cambio de mando como una aceptación de los fallos en la respuesta por parte de la agencia federal.

El mismo día que Long visitó Puerto Rico, también vino por su lado el senador republicano por Florida, Marco Rubio, quien abogó temprano por la asistencia militar a la Isla.

“A ninguna entidad de gobierno le gusta admitir que sus necesidades rebasan sus capacidades”, dijo Rubio al CPI/Herald. “El mismo gobierno (de Puerto Rico) se volvió otra víctima de la tormenta en muchas maneras… Su capacidad logística fue comprometida”, acotó.

Con la llegada de Buchanan, siguieron los cambios. La Guardia Nacional de Puerto Rico reemplazó calladamente en el puesto de Comandante de Estatus Dual al Teniente Coronel Narciso Cruz, quien había coordinado eficientemente los esfuerzos militares desde Irma, por el General de Brigada José Reyes. El cambio fue provocado por asuntos relacionados a la jerarquía de rangos y estrellas en la milicia, de modo que con un oficial de mayor rango, el cuerpo militar boricua pudiera tener comunicación efectiva con el nuevo general tres estrellas, explicó el Ayudante General Rivera.

Buchanan, quien estuvo a cargo de la respuesta militar en los huracanes Harvey e Irma tiene amplia experiencia en escenarios internacionales de desastre, dijo: “Esto es lo peor que yo he visto”.

Según dijo, aunque según su experiencia sabía el gran nivel de devastación que encontraría, no esperaba encontrar la situación crítica en los hospitales de la isla debido a que dependían de plantas eléctricas de diesel. En los estados, los hospitales grandes usualmente funcionan con plantas termoeléctricas durante los apagones las cuáles les dan estabilidad.

Mientras tanto, el Presidente Trump seguía tuiteando frases que menospreciaban la gravedad de la situación en Puerto Rico, dando a entender que el caos en la isla responde a que los puertorriqueños quienes han estado abriendo las carreteras con sierras eléctricas y machetes, son vagos.

“Ellos (los puertorriqueños) quieren que hagamos todo por ellos cuando esto debe de ser un esfuerzo de la comunidad. 10,000 trabajadores están en la isla al momento haciendo una gran labor”, tuitueó el 30 de septiembre.

El Presidente finalmente visitó Puerto Rico el 3 de octubre por cuatro horas, en vez de las cinco horas originalmente anunciadas, pero continuó minimizando la el estado de situación indicando que el huracán María no era “una catástrofe real” como el huracán Katrina en Nueva Orleans y tirando alegremente rollos de papel toalla a un grupo de refugiados que lo recibió en Guaynabo.

Dos semanas más tarde, Trump dijo en conferencia de prensa con Rosselló en Washington que María había sido peor que Katrina.

Mirando atrás, Buchanan aceptó en entrevista con el CPI/Herald cierto grado de validez en las críticas a la respuesta a María.

“Si estás aquí esperando por la ayuda, no tienes paciencia y no deberías tenerla”, dijo.

Sin embargo, se defendió de los críticos que han planteado que el Ejército, y no la Marina, debió de haber tomado el control de la operación más temprano en el proceso.

“Uno no sabe lo que va a pasar con una tormenta hasta después que pasa, así es que nosotros estábamos preparados, teníamos todo listo para entrar en acción, teníamos los recursos correctos”, sostuvo. “Pero después de María la devastación era tal que supimos que iba a requerir mucho de las fuerzas militares el poder ayudar”, agregó.

Dos semanas después de su nombramiento, el número de tropas destacadas a Puerto Rico aumentaron de 4,100 a 13,400 y la semana pasada llegaron al tope proyectado por Buchanan de 14,500.

La cantidad de helicópteros se triplicó de los 25 iniciales a 72. La Marina trajo el buque hospital USNS Comfort y el Ejército trajo tres hospitales militares completamente autosuficientes que estableció en Aguadilla, Caguas, y Humacao.

Buchanan fue nombrado a cargo de la respuesta militar a María, pero fue nombrado a cargo de la totalidad de la respuesta a la emergencia como ocurrió en New Orleans después de la respuesta ineficaz de FEMA, el gobierno estatal y los gobiernos locales. Este hecho ha sido duramente criticado precisamente por el teniente general que ocupó dicho puesto en Katrina, Russel Honoré, quien ha señalado que el despliegue de la misión en Puerto Rico ha sido muy pequeño.

“Si la gente comienza a morir, ¿quién diablos será el responsable?”, cuestionó al ser entrevistado.

Las 14,500 tropas activadas para la emergencia citadas por Buchanan, incluyen a los 4,500 Guardias Nacionales de Puerto Rico que estuvieron disponibles para ser activados para la emergencia. Los restantes 2,500 son empleados de las agencias de primera respuesta y se decidió dejarlos en dichas funciones, y soldados que han migrado a Estados Unidos por el desempleo que arropa a la Isla. Aún los guardias nacionales boricuas disponibles se tardaron una semana en reportarse en su totalidad porque muchos perdieron sus residencias en la tormenta o no podían llegar a la base porque las vías aún estaban incomunicadas.

“Maria nos trató a todos igual”, explicó el general Rivera. “Regresar al estatus en el que que estábamos antes de la tormenta va a tomar más de seis meses”, agregó el jefe de la Guardia Nacional de Puerto Rico.

Este es el tiempo que Rosselló y Ramos estimaron inicialmente que tomaría restablecer la energía eléctrica al 100% en Puerto Rico. Sin embargo, bajo fuego de los ciudadanos y los empresarios desesperados por la situación, el pasado 14 de octubre Rosselló dijo que el estimado era inaceptable y se comprometió con una agenda más agresiva: 95% de los abonados con luz al 15 de diciembre.

Aunque el anuncio pareció reflejar molestia e inconformidad de Rosselló con la gestión de restablecimiento del sistema eléctrico del jefe de la AEE, Ramos dijo en entrevista que el anuncio había sido preacordado en una reunión el día antes con Rosselló, quien le garantizó que tendría finalmente los recursos para acelerar el proceso.

El anuncio también se dio después de que FEMA acordara hacer una excepción al sistema de reembolso y le adelantara la AEE $128 millones para trabajos de emergencia. La agencia federal ya le había dado $213 millones a la corporación pública bajo el sistema de reembolso.

“Esa ayuda es muy bienvenida por la cuestión de liquidez” dijo Ramos.

No obstante, era insuficiente y la AEE, a la espera del contrato mayor que daría el Cuerpo de Ingenieros para la reconstrucción del sistema, decidió traer al contratista Power Secure para agilizar los trabajos.

“El Cuerpo de Ingenieros tiene un proceso lento”, afirmó.

De La Campa excusó el retraso en avalar el adelanto señalando que hay que FEMA tiene que justificar de manera minuciosa las peticiones de fondos ante los contribuyentes estadounidenses previo a autorizar desembolsos de tal magnitud.

“Estamos hablando de mucho dinero. Hay que tener una responsabilidad fiscal también por parte de nuestra agencia”, sentenció.

El lunes 16 de octubre, 26 días después de la tormenta el fondo de emergencia de $100 millones de la AEE se había agotado ya y Ramos no sabía cuánto, ni cuándo comenzaría a entrar dinero nuevamente a las arcas de la corporación pública.

Al preguntársele sobre cómo María afectará el plan de reestructuración sometido por la AEE a la Junta de Control Fiscal y a la corte en el pleito con los bonistas, no pensó un segundo la respuesta. “No sé nada de los bonistas. Nos encargaremos de los bonistas cuando todo esté de vuelta a la normalidad. María ha destruido nuestra infraestructura. No tenemos los fondos para hacer lo que quisiéramos hacer”, dijo Ramos.

Todas las amenazas inmediatas que permanecen sobre la población puertorriqueña aún en estos momentos tienen su raíz la falta de energía eléctrica en toda la isla. Sin luz aún en la mitad de los hospitales, cientos de pacientes están en riesgo a diario. Sin luz, buena parte de las plantas de agua potable no funcionan, y los ciudadanos se ven forzados a tomar agua hasta de los manantiales o fuentes contaminadas, provocando potenciales epidemias de salud como la leptospirosis, que ya ha cobrado cuatro vidas según fuentes oficiales. Sin luz, ni siquiera se puede disponer adecuadamente de los cadáveres de las personas que siguen muriendo de forma natural o por situaciones relacionadas a la emergencia.

Mientras tanto la mayoría de los puertorriqueños, como los maunabeños, siguen apagando fuegos como el primer día.

En el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) de Maunabo se atienden a diario entre 20 y 25 personas en una sala de emergencias improvisada, mientras al frente, el dueño de la funeraria del pueblo puso una sala provisional para velar muertos en un edificio baldío.

En el complejo deportivo, convertido en centro de acopio, soldados llevan aún todas las madrugadas agua y comida que traen desde su centro de distribución en Ceiba. Empleados y voluntarios comienzan la distribución a cientos de residentes de Maunabo y de pueblos colindantes. Todo se acaba cerca del mediodía. La comida es lo que se termina primero y el martes pasado ya se había agotado a las 10 a.m.

“La gente pide pan. Y fórmula para bebé. Y pampers de adulto,” dijo el vicealcalde Luis Lafuente, al señalar apenado que con frecuencia no tiene para darles.

Según dijo, son los artículos que más están pidiendo en estos momentos y los que menos le llegan.

El día 30, en Puerto Rico había aún 113 personas desaparecidas, 48 muertes oficiales relacionadas a la emergencia y cientos proyectadas aún no contabilizadas, el nivel de población sin electricidad cayó a un 89%, y falló la planta eléctrica del Centro Médico, principal centro hospitalario de la colonia estadounidense.

Puerto Rico seguía en modo de emergencia.

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